Aprendamos...

Aprender a hablar tuvo que haber sido una experiencia trascendental para cada persona en sus inicios.

Aprender a comunicarse, a interactuar, a encontrar y sobre todo a aprovechar las distintas posibilidades que nos ofrece la tecnología, es algo a lo que ahora me estoy
abriendo,esperando que resulte tan apasionante como tuvo que haber sido el proceso de aprender a hablar...

Independientemente a eso, tal vez, solo tal vez, lo que a mi me parece interesante, a vos tambien...



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lunes, 23 de noviembre de 2009

Democracia o Barbarie


Nosotros, hombres y mujeres que luchamos por la palabra cuando la dictadura nos forzó al silencio, y por la opinión crítica durante la transición democrática, cuando grupos autoritarios pretenden engañar a la opinión pública con campañas mediáticas, no podemos tolerar en silencio los sórdidos embates que el gobierno recibe cotidianamente de los grupos más retrógrados o corruptos -o ambos al mismo tiempo- del país.

Desde nuestras diversas posiciones doctrinarias y con énfasis diferentes, testimoniamos con esperanza:

a) el salto histórico que significa para el Paraguay la primera alternancia política en el gobierno, por la voluntad popular libremente expresada en las urnas.

b) la dedicación e idoneidad, patriotismo y honestidad de los miembros -hombres y mujeres- de este gabinete del Ejecutivo, uno de los mejores que nuestro país tuvo en un largo tiempo de infortunio.

c) los inéditos esfuerzos emprendidos hoy por el Estado para garantizar derechos y oportunidades a los sectores pobres y excluidos de nuestra sociedad, y salvar las graves desigualdades acumuladas en el pasado.

Reconocer lo anterior no significa ignorar los errores y desprolijidades de ciertos actos del gobierno, ni aprobar la insuficiencia o lentitud con que se enfrentan algunas reformas mayoritariamente demandadas en las elecciones del año pasado.

En concordancia con las malas prácticas del viejo país, era previsible la oposición intransigente de los partidos que gobernaron el Paraguay durante la dictadura y la transición, y de los sectores ilegalmente privilegiados con sus políticas. Son resabios de la barbarie que marcó tan duramente nuestro pasado político. Pero instalar en forma permanente y con cualquier excusa, la amenaza de golpe eleva la incertidumbre y la angustia social hasta límites extremos. La irresponsabilidad política es aún más alevosa en la coyuntura actual, en la que rescatar con vida a un compatriota víctima de un criminal secuestro y castigar severamente a sus captores, demanda gobernabilidad y consenso entre los poderes del Estado.

Por eso, nos resulta intolerable que el futuro de nuestra democracia esté siendo jaqueado y ofertado al mejor postor por algunos parlamentarios de la Alianza, cuyo vocero Jaeggli se vanagloria de un plan para derrocar al gobierno antes de seis meses y de los instrumentos para maniatarlo, negándole fondos de inversión social desde de la Comisión Bicameral de Presupuesto. Es una expresión obscena de barbarie política, que desprestigia y socava la institucionalidad republicana.

Resultaría vano exigirle a este senador -dada su trayectoria- que renuncie a promover el caos institucional y la anarquía en el país, pero sí consideramos lícito preguntarnos quién asume la responsabilidad política de esta campaña desestabilizadora que empantana al país y degrada su imagen internacional. ¿Dejará impune el PLRA la traición de quien deshonra desvergonzadamente su bancada, amenazando “tumbar” al gobierno que su partido integra?

Con la oportunidad histórica de profundizar y legitimar la democracia que tanto esfuerzo nos cuesta construir, rechazamos decididamente cualquier intento de ruptura por vía de campañas desestabilizadoras o golpes parlamentarios. Hemos abierto, finalmente, un camino para crecer en paz, con libertad e igualdad, como sociedad y como Estado. Aún debemos debatir informada y civilizadamente los logros y falencias de este nuevo caminar preñado de obstáculos, apoyar los esfuerzos que hace el gobierno pese a los lastres de la burocracia estatal, incidir activamente en la corrección de sus falencias y aportar a la enmienda de errores que abundan.

Al reivindicar el imperio de la ley sobre el arbitrio de los poderosos y de la democracia sobre la barbarie, alertamos a la ciudadanía contra los oscuros pregoneros de catástrofes, que aún ven al Paraguay como el coto privado de su depredación. Para lograr un Estado más moderno e incluyente, exigimos que no se nos niegue -una vez más- esta oportunidad de construir la convivencia civilizada y humana que queremos para nosotros y para las generaciones venideras.

viernes, 14 de marzo de 2008

La guerra y la paz

Por Sandra Russo


En Miss Simpatía, Sandra Bullock era una agente de policía que tenía que infiltrarse en un concurso de belleza para descubrir no sé qué cosa. Las candidatas a reina eran estereotipos de mujeres unineuronales, rubias taradas de pueblitos sureños norteamericanos de ésos en los que el día más interesante del año es Halloween. Chicas bobas pero sin maldad. Y sin ni un poco de morbo propiamente dicho. El morbo norteamericano, para el gran público, es la estupidez.Cuando tenían que hablar frente al micrófono y demostrar que no eran sólo pedazos de hembras, sino también corazones palpitantes y mentes despiertas, las candidatas coincidían en un punto: a la hora de contarle al jurado “con qué soñaban”, todas decían: “Con la paz mundial”.El morbo norteamericano, decía, para el gran público, es la estupidez. Pero en privado, entre pocos, entre líneas, en el fondo, en el patio trasero, en rigor, a juzgar por los hechos, creo, el morbo norteamericano es tremendo. No hay, y nunca hubo límites cuando, en diferentes oportunidades históricas, Estados Unidos se sintió amenazado o atraído por algo. El morbo norteamericano para manipular la realidad y convertirla en un discurso para débiles mentales es tremendo. Como es tremenda, y apabullante, la docilidad de sus agentes multiplicadores locales.Las ideas desplegadas en la cumbre de ayer por el presidente Uribe siguieron esa línea políticamente patriarcal, típica de la política exterior norteamericana, de “reservarse el derecho”, cuando no tiene ningún derecho. Sostener tímida pero indudablemente la idea de “ir a buscar al terrorismo donde estén los terroristas” es morbosamente estúpida, pero por estupideces es que han muerto millones de personas muchas veces. Por estupideces se han desatado guerras y se han instalado odios ancestrales. Esa política ya dio incontables muestras de que encubre otros móviles. Violar el espacio aéreo de otro país escudándose en que aquel a quien se buscaba asesinar era “un terrorista tenebroso” explica básicamente que la casa se reserva el derecho a calificar a la gente como “asesinable”, al espacio aéreo del país vecino como “violable” y las recomendaciones de los grupos y cumbres de países como “obviables”.Si Uribe suscribe como un buen hijo de Bush toda la idea, él, como Bush, lo diga o no, se reserva el derecho de hacer lo incorrecto y después pedir disculpas. Eso es en sí mismo una amenaza, como Estados Unidos es también una amenaza.“La paz mundial”, como repetían las aspirantes norteamericanas a reinas, no es absolutamente nada. Las rubias taradas repetían eso como quien dice soy buena, mirá qué culo que tengo. Eso dice Bush. Soy bueno, qué pena ese temita de los rehenes en Colombia, ¿era Colombia?, qué pena que lo esté por solucionar un populista, en fin, y bueno, que Uribe se pase de la raya, ja ja, la raya, y que se maten entre ellos.La paz mundial no es nada. Es apenas un bocadillo de circunstancia tan banal que puede ser repetido por aspirantes a reinas de belleza sin nada en la cabeza. Si no se tiene nada en la cabeza, bien, puede uno ponerse a hablar sobre lo lindo que sería que en el mundo reine la paz. Pero la paz regional es lo único importante en estos días. La paz regional no está en la agenda norteamericana.La paz latinoamericana, para los latinoamericanos, debería ser lo único importante en estos días. Y fue un alivio escuchar ayer al abanico de presidentes de esta nueva América latina, que salvo Colombia, no está ya acechada por organizaciones guerrilleras y se debate en procesos democráticos que buscan darse fuerzas recíprocas. Para la paz hay equipo. Puede haber laderos sueltos, pero en América latina hoy no hay vicios carnales. Hay política.

domingo, 2 de marzo de 2008


Se subió con su mujer Michelle y sus dos hijas. Y partió apelando a la historia en lo que fue calificado después como uno de sus más brillantes discursos, con ecos de Martin Luther King y de su propia intervención fundacional, en la Convención Nacional Demócrata de 2004. Fue un discurso emotivo pero a la vez estratégicamente impecable, coincidieron los analistas de CNN.
"Dijeron que este día nunca llegaría. Dijeron que nuestras apuestas eran demasiado altas. Que este país estaba demasiado dividido", comenzó diciendo. "Esta noche de enero ustedes han hecho lo que los escépticos habían dicho que no podíamos hacer. Ustedes han hecho lo que el estado de New Hampshire puede hacer en 5 días más. Y lo que Estados Unidos puede hacer en este nuevo año. En filas de escuelas e iglesias, en pequeños pueblos y grandes ciudades, demócratas, republicanos e independientes se juntaron para decir que somos una sola nación, un pueblo que dice que el momento del cambio ha llegado", siguió.
Su tono nacionalista (no confundir con "patriotero") fue quizás su más inteligente énfasis: Obama destaca que él no es cambio por el cambio, sino que es EL cambio que el país necesita, ese que consiste en una unidad nacional antes impensada. De hecho aludió a su frase de 2004, cuando proclamó que no existía una nación de estados azules y rojos (como se llama a los estados donde ganan los Demócratas y los Republicanos, respectivamente), sino una nación de Estados Unidos de América. "Así es como ganaremos en noviembre y enfrentaremos los desafios de nuestra nación", complementó.
Luego capitalizó otra de las palabras clave de su campaña: esperanza (su último libro se llama "La audacia de la esperanza"). "Estamos eligiendo esperanza", dijo. "Eligiendo unidad sobre división".
Luego, elegantemente, dejó caer el peso de la historia. "A veces, sólo a veces, hay noches como ésta. Noches que años después, cuando hayamos logrado los cambios en los que todos creemos, recordaremos. Cuando nuestros hijos hayan heredado un planeta más limpio y un país menos dividido, más unido, ustedes mirarán esta noche y verán que fue el momento en que todo empezó", dijo. "Que este fue el momento en el que lo improbable fue inevitable".
Y como todo tiene nombre y apellido, habló de su propia biografía, con todo lo que implica en pocas líneas. "La esperanza es lo que me trajo acá. Es lo que trajo a mi padre de Kenya y a mi madre de Kansas, en una historia que sólo puede suceder en los Estados Unidos de América".
Barack Obama nunca menciona la raza en su campaña. Pero sabe jugar esa carta. Como destacó el analista David Gergen en CNN, en su discurso Obama dijo sutilmente: "si puedo vencer la barrera entre blancos y negros, puedo vencer la de republicanos y demócratas" (para Gergen el de Obama fue un discurso "memorable").
Es esa unidad lo que justamente puede hacerlo un candidato sólido para las elecciones generales de noviembre -algo que los Demócratas necesitan creer para elegirlo-: es lo que le permitirá reclutar nuevos votantes a su partido, no darse vuelta con los que ya existen. La alta participación y el favoritismo en la juventud que votó esta noche en Iowa le dan la razón en eso. En 2004 fueron 125.000 los simpatizantes demócratas de ese estado que participaron en el caucus. Esta vez, fueron más de 239.000.
Con este mensaje, además, le está dejando la pista aún más difícil a Hillary Clinton con vistas a las primarias del próximo martes en New Hampshire: "Hillary tendrá que demostrar que ella no es TAN divisiva", comentó en CNN el biógrafo de la senadora y legendario periodista Carl Bernstein (su socio en la historia de Watergate, Bob Woodward, se manifestó "impactado" por el discurso de Obama en el show de Larry King)
Los análisis se siguen escribiendo, y los motores para New Hampshire se siguen calentando. Recién se ha confirmado que John Edwards ha terminado segundo con un 30% y Hillary Clinton tercera con un 29%. Además, se ha producido una segunda deserción:
el senador Joe Biden ha dejado la carrera, uniéndose a Chris Dodd en la retirada.
Ya es viernes, el primer día del paréntesis entre Iowa y New Hampshire. El fin de semana habrá debates televisados en ambos partidos, y podremos ver cómo los candidatos tratan de capitalizar, o superar, su momento.

jueves, 14 de febrero de 2008

Imparable Obama

Unstoppable Obama
Posted February 14, 2008 01:27 PM (EST)
When did you begin to think that Obama might be unstoppable? Was it when your grown feminist daughter started weeping inconsolably over his defeat in New Hampshire? Or was it when he triumphed in Virginia, a state still littered with Confederate monuments and memorabilia? For me, it was on Tuesday night when two Republican Virginians in a row called C-SPAN radio to report that they'd just voted for Ron Paul, but, in the general election, would vote for... Obama.

In the dominant campaign narrative, his appeal is mysterious and irrational: He's a "rock star," all flash and no substance, tending dangerously, according to the New York Times' Paul Krugman, to a "cult of personality." At best, he's seen as another vague Reagan-esque avatar of Hallmarkian sentiments like optimism and hope. While Clinton, the designated valedictorian, reaches out for the ego and super-ego, he supposedly goes for the id. She might as well be promoting choral singing in the face of Beatlemania.
The Clinton coterie is wringing its hands. Should she transform herself into an economic populist, as Paul Begala pleaded on Tuesday night? This would be a stretch, given her technocratic and elitist approach to health reform in 1993, her embarrassing vote for a credit card company-supported bankruptcy bill in 2001, among numerous other lapses. Besides, Obama already just leaped out in front of her with a resoundingly populist economic program on Wednesday.
Or should she reconfigure herself, untangle her triangulations, and attempt to appeal to the American people in some deep human way, with or without a tear or two? This, too, would take heavy lifting. Someone needs to tell her that there are better ways to signal conviction than by raising one's voice and drawing out the vowels, as in "I KNOW ..." and "I BELIEVE ..." The frozen smile has to go too, along with the metronymic nodding, which sometimes goes on long enough to suggest a placement within the autism spectrum.
But I don't think any tweakings of the candidate or her message will work, and not because Obama-mania is an occult force or a kind of mass hysteria. Let's take seriously what he offers, which is "change." The promise of "change" is what drives the Obama juggernaut, and "change" means wanting out of wherever you are now. It can even mean wanting out so badly that you don't much care, as in the case of the Ron Paul voters cited above, exactly what that change will be. In reality, there's no mystery about the direction in which Obama might take us: He's written a breathtakingly honest autobiography; he has a long legislative history, and now, a meaty economic program. But no one checks the weather before leaping out of a burning building.
Consider our present situation. Thanks to Iraq and water-boarding, Abu Ghraib and the "rendering" of terror suspects, we've achieved the moral status of a pariah nation. The seas are rising. The dollar is sinking. A growing proportion of Americans have no access to health care; an estimated 18,000 die every year for lack of health insurance. Now, as the economy staggers into recession, the financial analysts are wondering only whether the rest of the world is sufficiently "de-coupled" from the US economy to survive our demise.
Clinton can put forth all the policy proposals she likes - and many of them are admirable ones - but anyone can see that she's of the same generation and even one of the same families that got us into this checkmate situation in the first place. True, some people miss Bill, although the nostalgia was severely undercut by his anti-Obama rhetoric in South Carolina, or maybe they just miss the internet bubble he happened to preside over. But even more people find dynastic successions distasteful, especially when it's a dynasty that produced so little by way of concrete improvements in our lives. Whatever she does, the semiotics of her campaign boils down to two words - "same old."
Obama is different, really different, and that in itself represents "change." A Kenyan-Kansan with roots in Indonesia and multiracial Hawaii, he seems to be the perfect answer to the bumper sticker that says, "I love you America, but isn't it time to start seeing other people?" As conservative commentator Andrew Sullivan has written, Obama's election could mean the re-branding of America. An anti-war black president with an Arab-sounding name: See, we're not so bad after all, world!
So yes, there's a powerful emotional component to Obama-mania, and not just because he's a far more inspiring speaker than his rival. We, perhaps white people especially, look to him for atonement and redemption. All of us, of whatever race, want a fresh start. That's what "change" means right now: Get us out of here!

miércoles, 30 de enero de 2008

Obama y el sueño americano, en la pluma de Mario Vargas Llosa


"Aunque no gane la nominación demócrata, Barack Obama ha conseguido ya un logro impresionante: volatilizar aquel prejuicio según el cual pasarían muchas generaciones antes de que un negro pudiera ser elegido presidente de Estados Unidos".

Por MarioVargas Llosa, escritor

El año pasado dicté un curso semestral en la Universidad de Georgetown, en Washington DC. La gran mayoría de mis estudiantes tenía un absoluto desinterés por la política, con excepción de tres de ellos --dos mujeres y un varón, los tres blancos-- que iban a clases con insignias del senador Barack Obama, quien en ese entonces todavía no había anunciado que se presentaría a la preselección por el Partido Demócrata de su candidato a la Presidencia. Los tres jóvenes se habían ofrecido ya como voluntarios si se confirmaba su candidatura y me los imagino ahora trabajando afanosamente entre los 9.500 voluntarios que, según leo en "Time Magazine" de esta semana, han realizado la proeza de conseguir para su candidato, a través del teléfono, las cartas y sobre todo Internet, donaciones de 32 millones y medio de dólares en el segundo trimestre de este año, es decir unos 10 millones de dólares más que las obtenidas por Hillary Clinton. Pero acaso esta ventaja no lo diga todo. Lo importante es que la suma alcanzada por Obama procede de pequeñas cantidades enviadas por unas 258 mil personas, la mayoría de medianos y pequeños ingresos, en tanto que la de la senadora neoyorquina se origina en donantes menos numerosos y de más altos ingresos.

Según las encuestas, hoy Hillary Clinton ganaría la nominación demócrata a Barack Obama por 37% a 23%, pero todavía queda mucho pan por rebanar. El factor decisivo puede ser el voto negativo, que es despiadado contra la senadora --la mitad de los electores votaría por cualquiera para impedir que ella ganara-- en tanto que la hostilidad del electorado contra el senador es muy reducida y se concentra sobre todo en minorías racistas, en tanto que su radio de simpatía o no antipatía (no es lo mismo) abarca por igual amplios sectores de blancos, negros e hispanos. Todas las encuestas señalan, por ejemplo, que del 12% de votantes que respaldan a John Edwards la gran mayoría apoyaría a Obama si su candidato abandona la partida. Yo, personalmente, creo que sería muy bueno para el Partido Demócrata tener al senador como su candidato y todavía mejor para Estados Unidos si este ganara los comicios presidenciales.

La razón mayor que se esgrime en contra de su elección es su falta de experiencia ejecutiva en cuestiones de gobierno. La tenía todavía menos que él John Kennedy cuando fue elegido y en su breve gestión resultó un magnífico estadista que inyectó a la sociedad estadounidense un formidable dinamismo y un contagioso idealismo a toda la generación joven. Y eso es lo que necesita a gritos Estados Unidos después de este período de mediocridad, confrontación y desgarramiento: un líder nuevo, no contaminado con la politiquería menuda, que, trascendiendo la mera coyuntura, hable con un lenguaje genuino y persuasivo de los grandes problemas y sea capaz de transmitir un mensaje de esperanza, de confianza en el sistema y en el futuro, de solidaridad con los que sobrellevan la peor parte de la sociedad de la abundancia, y que toque por igual a los estadounidenses de todas las razas, culturas y estratos económicos. Creo que ningún otro candidato, ni demócrata ni republicano, es capaz de semejante empresa, con la sola excepción de Barack Obama.

Las credenciales de este y de su esposa Michelle no pueden ser mejores. Hijo de un inmigrante negro africano y de una mujer blanca de Kansas, Obama se educó en Hawái y pasó una temporada larga en Indonesia, donde vivió la experiencia de un país subdesarrollado y musulmán. Gracias a sus méritos consiguió llegar a la universidad más prestigiosa del mundo, Harvard, donde fue un alumno estrella de la Law School cuya revista dirigió (por elección de toda la escuela, donde tanto los estudiantes blancos como los de color lo apoyaron). Michelle, por su parte, nacida en una familia modesta de Illinois, consiguió también gracias a sus sobresalientes estudios ser aceptada en Princeton y en Harvard, donde se graduó con honores. Ambos se conocieron haciendo trabajo social en las comunidades marginales de Chicago, de modo que, antes de que Barack Obama iniciara su carrera propiamente política, postulando a una representación local, ya llevaban ambos varios años de trabajo comunitario, inmersos en los sectores más violentos, pobres y desesperanzados de la sociedad estadounidense.

Desde que descubrí el entusiasmo de mis tres estudiantes de Georgetown por Obama, del que hasta entonces no sabía nada, he procurado seguirlo, escucharlo y leerlo. No es un político al uso, sino una personalidad singular, excepcionalmente franca y persuasiva, que evita los estereotipos y las banalidades y no vacila en ir contra la corriente en defensa de sus convicciones. Su discurso frente a la comunidad negra, sobre todo, es tan riesgoso como principista: nada de victimismos ni lloriqueos, con todas sus limitaciones el sistema es suficientemente flexible y abierto como para vencer el infortunio, progresar y alcanzar unos niveles de vida decentes. Los negros no deben perder el tiempo lamentándose por los horrores del pasado, sino remangarse las camisas y ponerse manos a la obra para erradicar los males del presente, al igual que los hispanos, los demás inmigrantes y las decenas de decenas de americanos blancos que padecen escasez, abusos o viven por debajo de sus anhelos. El "sueño americano" no es un eslogan, sino una realidad que puede sufrir recesos momentáneos, como el actual, pero puede volver a funcionar como un marco de justicia y libertad para todos si los ciudadanos invierten en ello mucho trabajo e ilusión y los gobernantes dictan leyes justas y saben hacerlas respetar. Los términos claves de su discurso son reconciliación, solidaridad, abrir más y más oportunidades para todos y emprender una lucha implacable contra la corrupción, los favoritismos, el privilegio y el abuso.

El senador Obama estuvo desde un principio contra la intervención armada en Iraq, algo que es una credencial ante los votantes de izquierda, pero, sin embargo, sobre este delicado asunto se muestra ahora sumamente pragmático y prudente, pues, en vez de exigir un retiro inmediato e incondicional de las fuerzas militares estadounidenses, propone una salida gradual y correlativa a la cesión de responsabilidades a las autoridades y fuerzas militares iraquíes, a fin de evitar el caos y, sobre todo, el aniquilamiento por los fanáticos de distintos pelajes de ese amplio sector de la sociedad iraquí que apostó por la democratización y se ha visto destrozado a mansalva por los extremistas sunitas, chiitas y las distintas sectas y grupúsculos terroristas.

La buena salud del sistema político estadounidense consiste en haber hecho realidad aquello que Karl Popper sostenía era el ideal de una democracia: una institucionalidad que impidiera a los gobiernos hacer mucho daño. Estados Unidos ha tenido algunos malos presidentes, cuyos desafueros dejaron dramáticas secuelas en los ámbitos económicos, sociales y morales. Pero estas consecuencias hubieran podido ser infinitamente peores si el sistema de contrapesos, balances y, sobre todo, la descentralización del poder, de sus instituciones, no hubiera servido de freno y corrección de aquellos errores. Por eso, pese a todo lo malo que se le pueda achacar --y vaya si hay un país sobre la tierra que es sometido a un escrutinio sesgado y feroz por la miríada de enemigos con que cuenta-- cada vez ha conseguido rehacerse a sí mismo desde sus raíces. Por eso sigue siendo tan próspero, libre y poderoso.

Aunque no gane la nominación demócrata y por lo tanto quede fuera de la carrera presidencial, Barack Obama ha conseguido ya un logro impresionante: volatilizar aquel prejuicio según el cual pasarían muchas generaciones antes de que un negro pudiera ser elegido presidente de Estados Unidos. El interesante informe que presenta esta semana la revista "Newsweek" al respecto es concluyente. Una encuesta nacional llevada a cabo por la "Newsweek Poll", da estos sorprendentes resultados: un 92% de las personas consultadas declaran que ellas sí votarían por un negro para la presidencia y un 59% cree que el conjunto de la sociedad sí está preparada para aceptar un mandatario de color. El mensaje interracial que ha sostenido el senador Obama desde el inicio de su campaña no puede haber dado mejores frutos: pese a haber un candidato de color, la raza no va a ser un factor decisivo a la hora de votar para los ciudadanos estadounidenses en esta elección.

A diferencia de lo que ocurre en otras partes, como América Latina, donde en cada consulta electoral es el sistema mismo el que se pone a prueba, en Estados Unidos, una sociedad con una capacidad autocrítica pugnaz e ilimitada, la confianza en el sistema está sin embargo profundamente arraigada en la inmensa mayoría de la colectividad y quienes lo cuestionan y quisieran erradicarlo han sido siempre minorías insignificantes, sin la menor gravitación electoral, de existencia efímera. Por eso, aunque ha padecido crisis profundas, como el crash del 29 o la era de McCarthy y la caza de brujas, Estados Unidos no ha tenido nunca dictadores y su democracia se ha autorregenerado cada vez, con ayuda de líderes sanos, idealistas e incorruptibles. Ya era hora de que una de estas figuras renovadoras de la democracia americana fuera un joven de piel oscura, salido de uno de esos bolsones sociales deprimidos y conflictivos de la sociedad, al que el sistema permitió, pese a sus taras, superar la adversidad, salir adelante y dedicar su vida a luchar para que otros millones de norteamericanos desfavorecidos pudieran seguir su ejemplo.